miércoles 26 de noviembre de 2008

Sobre religión...

Ayer divagando surgió una idea un tanto curiosa, que derivó en unas risotadas bastante agradables. El principio se basa en preguntarse ¿qué pasaría si mañana alguna autoridad sanitaria decidiera que las religiones son dañinas para la salud, como pasa por ejemplo con el tabaco?

Por ejemplo, los "libros sagrados" de cada religión llevarían una etiqueta bien grande en la que se podría leer, por ejemplo "Esta religión puede causar daños si está embarazada" o "Rezar causa daños irreparables". Los afiliados a cada religión mirarían esa etiqueta y riendo dirían: "y fumar también...".






(Fuente de la imagen: El ornitorrinco enmascarado)

Transcripción de la etiqueta:

CUIDADO: Este es un libro de ficción. NO debe interpretarse literalmente.

ADVERTENCIA: Contiene versos que describen o incluso incitan al suicidio, incesto, bestialismo, sadomasoquismo, actividades sexuales en entornos violentos, uso de drogas o alcohol, homosexualidad, descrédito de la autoridad, actos criminales, atrocidades y otras violaciones de los derechos humanos.

EXPOSICIÓN AL PRODUCTO: La exposición al contenido de este producto durante periodos de tiempo prolongados o, en el caso de los niños, durante el desarrollo, puede causar delirios, alucinaciones, deterioro de las capacidades cognitivas así como del razonamiento objetivo y, en situaciones extremas, trastornos patológicos: odio, intolerancia inclusive. La aparición de estos síntomas no se limita a los casos de fanatismo, asesinato y/o genocidio.




Al principio nos resultaría extraño, pero al final nos acostumbraríamos a ver - en los aeropuertos, por ejemplo - unos "espacios" reservados para personas que quieran practicar su respectiva religión. Un cubículo con una capacidad para unas 30 personas de pie, con un par de bancos a la derecha, una alfombra en el centro orientada a la Meca y en una de las paredes una fiel reproducción del muro de las lamentaciones llenas de post-it.

Lo más probable es que los miembros de estas religiones se agruparían por una vez y formarían colectivos como "Club de religiosos por la tolerancia", donde se promulgaría que "la libertad sea recíproca y que el respeto y la tolerancia triunfen". Imagino a un joven repartiendo panfletos con una cabecera con los símbolos de las religiones que forman el club. "¡Sólo queremos que nos dejen ejercer nuestro derecho a practicar una religión!".

En el terreno jurídico, las autoridades sanitarias querrían controlar todo el proceso de creación de creencias y cómo se difunden las mismas, así que requerirían que las religiones organizadas formaran instituciones para poder aplicarles algún tipo de norma de calidad. "Padre Pepito Pérez, CEO de la delegación de España", así se presentaría un manda más de una de las religiones institucionalizadas al entregar su tarjeta de visita.

Los presentadores de los informativos dirían: "Esta mañana, en el Consejo Superior de Religiones, se ha debatido sobre la fusión de los días festivos [...]". Escaladas de poder, incluso la corrupción propia de las escalas jerárquicas que ostentan algo de poder. Se abriría paso a un mercado de las religiones donde habría que luchar (de forma leal, claro está) por conseguir socios.

Todas las religiones acabarían modernizándose, pudiendo por ejemplo, solicitar un bautismo o una circuncisión on-line. "Gracias por utilizar nuestros servicios, su bar mitzvá está programado para la siguiente fecha...". Incluso habría prácticas de "dudosa legalidad", al registrarse en alguna de las webs de las religiones habría que marcar la casilla que te obliga a aceptar las condiciones: "Usted pasará a formar parte del censo de esta religión. Puede ejercer su derecho a modificar sus datos o darse de baja enviando un email a: bajas@religion.god", claro que los trámites serían muy rápidos.

También ofrecerían paquetes promocionales: "pruebe la selección de nuestras mejores religiones y decida cuál le gusta más, sin compromisos. Y si llama ahora, le daremos un segundo pack de prueba para que lo pueda compartir con su pareja o un amigo".

En fin... sería una situación curiosa, y no sé por qué, pero me parece que a una persona que no practicara ninguna religión, se nos llamaría intolerantes por no dejar que los demás practiquen una religión si quieren... claro que esta situación no se da, ni se dará.

De vez en cuando reflexiono y pienso para mi ¿por qué a algunas personas no les da igual que haya elegido no practicar ninguna religión?